El secador de manos de los servicios de los bares. Un aparato que echa aire caliente en nuestras manos para secarlas, supuestamente, porque todavía no he visto a nadie que haya salido del baño después de lavarse las manos y no se las haya restregado contra el pantalón para terminar de secárselas. Y además como no atines con la posición de las manos eso se apaga porque no las detecta. Un invento deprimente que estará dándole un montón de pasta a quien lo patentó. Y eso que no sirve ni para tomar por culo. ¡Vivan las toallas!
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